Cuando a los 15 mi amigo Paco me convenció para asistir aquel verano a un curso de fotografía, no imaginé que con el tiempo esta se convertiría en parte de mi vida. Me coloqué detrás del objetivo de mi primera cámara y comencé a capturar el mundo que estaba a mi alrededor.
Hasta entonces el dibujo y la pintura me había ayudado a expresarme y descubrí, entre químicos y rollos de película, que con la fotografía se habrían nuevos horizontes.
A los 17 llegó el primer premio. Reconocimiento y sobre todo aliento y empuje (también económico, porque no decirlo) que me ayudó a seguir "enganchado" y a renovar mi equipo.
Con posterioridad y durante algunos años compartí con otras personas los conocimientos que fui adquiriendo sobre cámaras, iluminación, laboratorio... y entre ampliadoras, tanques de revelado y químicos en el cuarto oscuro, los focos caseros de un estudio improvisado y el entusiasmo de las personas que asistían a mis clases, me di cuenta de que la falta de medios siempre se puede suplir con imaginación, así como lo gratificante que es aprender mientras se enseña.
Mi trabajo como creativo y diseñador gráfico en distintas agencias, facilitó mi tránsito a la fotografía digital y aunque al principio no cambié la convencional, ahora la tengo casi olvidada, pero conservo mis "viejos" equipos.
En este cajón de sastre, se reúnen algunas de las imágenes y experimentos, que van quedando a la espera de mejor ocasión y que de otra manera nunca verían la luz.